Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozandolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente : " Platero ? ", y viene a mi con un trotecillo alegre que parece que se rie, en no sé qué cascabeleo ideal...
Tu, si te mueres antes que yo, no iras, Platero mio, en el carrillo del pregonero, a la marisma immensa, ni al barranco del camino de los montes, como los otros pobres burros, como los caballos y los perros que no tienen quien los quiera... Vive tranquilo, Platero. Yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta. Estaras al lado de la vida alegre y serena. "
Juan Ramon Jiménez, Platero y yo (Elegia andaluza), Madrid, Alianza, El Libro de Bolsillo, 1987, p. 27 et 36-37.

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